










Aracné era la hija de Idmón de Colofón, un tintorero famoso por teñir la lana de púrpura de Tiro. Era famosa en Hipepa, donde tenía su taller, por su gran habilidad para el tejido y el bordado.
Las alabanzas que recibía se le terminaron subiendo a la cabeza y terminó tan engreída de su presteza como tejedora que empezó a afirmar que sus habilidades eran superiores a las de Minerva, la diosa de la sabiduría y la guerra además de la artesanía. La diosa se enfadó, pero dio a Aracné una oportunidad de redimirse. Adoptando la forma de una anciana, advirtió a Aracné que no ofendiera a los dioses. La joven se burló y deseó un concurso de tejido, donde pudiera demostrar su superioridad. Minerva se quitó el disfraz y el concurso comenzó.
Minerva tejió la escena de su victoria sobre Neptuno, que inspiró a los ciudadanos de Atenas a bautizar la ciudad en su honor. Según el relato latino de Ovidio, el tapiz de Aracné representaba veintidós episodios de infidelidades de los dioses, disfrazados de animales.
Incluso Minerva admitió que la obra de Aracné era perfecta, pero se enfadó tanto por la irrespetuosa elección del motivo. Perdiendo finalmente los estribos, destruyó el tapiz y el telar de Aracne, golpeándolos con su lanzadera, y también a la joven en la cabeza. Aracné advirtió su insensatez y quedó embargada por la vergüenza. Huyó y se ahorcó.
En el relato de Ovidio, Minerva se apiadó de Aracné. Rociándola con jugo de acónito, aflojó la soja, que se convirtió en una telaraña, transformándose la propia Aracné en una araña. La historia sugiere que el origen del arte de tejer es una imitación de las arañas y que se consideraba que fue perfeccionado primero en Asia Menor.
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Amapola
MargaritaY otra leyenda, esta vez irlandesa, mucho más poética que las demás, nos dice que el hecho de que existan margaritas por los prados se debe a que las almas juguetonas de los niños las esparcen desde el cielo. Esta lluvia de flores es una manera de decirnos que nos quieren.
Pero no sólo los enamorados recurrían a esta flor. También predecía el futuro. Así nos consta que se deshojaba contando: “noble, mendigo, campesino”; siendo chico, y “casada, soltera, monja”, siendo chica. Los viejos la consultaron también: “cielo, infierno, purgatorio”. En fin, cada uno tenía una buena razón para coger una flor.
En tiempo de los caballeros andantes, cuando una dama no quiso ni aceptar ni rechazar las súplicas de sus amantes, adornaba su frente con una corona de margaritas y con este gesto quería decir: “lo pensaré”. Es una de las primeras flores en abrir sus pétalos al amanecer. Quizá por eso su nombre en inglés, Daisy, es una contracción de “day’s eye”, que significa “el ojo del día”.
La versión más difundida sobre el origen de esta flor es la que nos cuenta Ovidio en su Metamorfosis. Nos dice que Narciso era hijo de Cefiso y de la ninfa Liríope, y tenía tal hermosura que todas las mujeres (y hasta los hombres) se enamoraban de él. El adivino Tiresias predice que el niño vivirá hasta muy viejo si consigue no mirarse nunca el rostro, así que fuera espejos y demás objetos reflectantes. Transcurre casi todo su tiempo cazando y mariposeando de aquí para allá, siendo la envidia de Olimpo. En él se fijan casi todas las miradas de ambos sexos. Su amigo Aminias se suicida de desesperación. sus enamoradas se desaniman y gritan venganza. Rechazó el amor de la ninfa Eco que, abatida, se abandona a su suerte y cada día se iba marchitando poco a poco, hasta el punto de que sólo quedó de ella una voz quejumbrosa. La ninfa así menospreciada se refugió en lo más solitario del bosque. La consumía su terrible pasión. Deliraba. Lloraba. Se enfurecía. Y pensó: ¡Ojala que cuando él ame como yo amo, se desespere como yo me desespero! Némesis, diosa de la venganza, escuchó su ruego....... En castigo hizo que Narciso, en un día de gran calor, agotado y sediento, se inclinara sobre una fuente y se enamorase locamente de lo que veía: su propio rostro reflejado en el agua. Desde entonces, su condena consistió en contemplar su rostro en las aguas de los estanques, desesperado al no poder abrazar esta otra imagen de sí mismo. En uno de sus intentos pierde el equilibrio, cae al agua y se ahoga. Al exhalar su último aliento nace la flor que lleva su nombre.
Sin embargo, hay otra interpretación del origen del nombre de esta flor. Dioscórides fue el primero en mencionar que el perfume de estas flores provoca una especia de amodorramiento que es evocado, curiosamente, por el propio nombre de narciso, que procede del griego narkè (sueño) de donde derivan las palabras narcótico y narcosis. Y las leyendas griegas lo que hacen es redundar en este efecto. El perfume del narciso es lo que hechiza a Perséfone cuando el dios Hades, seducido por su belleza, quiere raptar a la joven para llevarla consigo a los infiernos. Perséfone estaba entretenida en recoger flores silvestres de las praderas: rosas, azafrán, violetas, iris, jacintos y narcisos lo que, a la postre, fue su perdición.
No todo es malo en esta flor: En China acostumbran a obsequiar flores de narciso a comienzos del año nuevo con el propósito de asegurarse la dicha, la prosperidad y los goces más inmediatos.
LirioEl lirio es una flor bastante completa. Adoptada por varias religiones, ha sido utilizada como emblema de conceptos tan dispares como la castidad, la realeza y la lujuria.
En algunos países, tener lirios en casa se considera señal de mal agüero y, sin embargo, los griegos los tenían en gran estima porque creían que eran las gotas de leche de la diosa Hera, aquí surge un mito cosmogónico. Cuando la esposa de Zeus amamantaba al pequeño Hércules, unas gotas de su leche se vertieron en el cielo formándose nada menos que la Vía Láctea y las que cayeron a la Tierra se convirtieron en lirios.
Es una flor admirada y respetada por casi todas las culturas. Los asirios y otros pueblos de Mesopotamia consideran al lirio como una de sus flores sagradas. Los judíos adornaban sus altares y las columnas que estaban delante del templo de Salomón con esta flor. Para los musulmanes, el iris o lirio simboliza la esperanza en la vida ultraterrena y lo empleaban para adornar sus tumbas.
Antes que los griegos, los cultivaban los egipcios, que conocían bien las propiedades medicinales de sus raíces, cuyo polvillo, además, utilizaban las mujeres de aquél país para acicalarse. Durante siglos, y hasta no hace muchos años, nuestros antepasados siguieron las mismas costumbres, para tener un rostro de piel aterciopelada. Y en la cosmética natural, la leche de lirio sigue utilizándose.Algunos botánicos norteamericanos encontraron en los años setenta del siglo XX una especie singular de lirio en las junglas de México. Esta extraña flor tiene la maravillosa propiedad de cambiar su color varias veces al día. Por la mañana temprano es blanca; hasta el mediodía es rosa y justo cuando llega este momento adquiere un color rojo. Por la tarde, el tono se va apagando hasta convertirse en naranja y hacía el crepúsculo se transforma en un color violeta. Por último, por la noche adquiere la pigmentación de un color azul oscuro. Este lirio mesoamericano parece haberse tomado muy en serio el espectro de arco iris, lo que daría credibilidad al mito de que estuviera dedicada a la griega Iris.
La raíz del lirio ha servido como eficaz amuleto y así, colgada al cuello, reconciliaba a los amantes que habían reñido. De origen vegetal, era muy usado en el valle de Ancares (entre Lugo y León), colgándoselo del cuello de los niños a fin de que no les atacasen las lombrices o "cocas".








