26 sept. 2009

La escapada

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Así empezamos, a oscuras. Para que nos diera tiempo a visitar los dos lugares que habíamos elegido, no quedaba otra que pegarnos el madrugón (para la gente de por aquí, deciros que más de una de nosotras esta noche había visto la almohada "de reojo", porque las fiestas de San Mateo son mucha fiesta, y las verbenas suelen durar hasta el amanecer.....) y a las seis y media estuvimos en carretera.

Miguel, nuestro conductor, aguantó con paciencia el pequeño remolino inicial, hasta que se hizo silencio y cada una encontró la postura más cómoda posible para pasar de la noche al día.....


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Puntualmente llegamos a la puerta de la Real Fábrica, cerca de la estación de Atocha. Quizá porque coincidió con el "Día Europeo Sin Coches" (aunque las que han vivido en Madrid lo achacan más a la buena suerte), pero la verdad es que no nos pilló ningún atasco.

Dentro de la Real Fábrica no está permitido hacer fotos, así que os tenéis que conformar con las palabras. De todas formas, para quién quiere echar un vistazo está la página oficial de la Fábrica (www.realfabricadetapices.com) en la que se puede ver algo más, aunque os recomendamos que aprovechéis cualquier estancia en Madrid para acercaros y verlo "in situ". Para los más interesados y "bibliófilos" entre nuestros seguidores sea dicho que en la Real Fábrica se puede adquirir un libro-catálogo bilingüe (español/inglés) con el título "Una historia que crece", que recoge 300 años de creación....

Beatriz, nuestra guía (veréis que ha visitado nuestro blog y nos ha dejado algún comentario para darnos ánimo, lo que se agradece. ¡¡¡¡Gracias Beatriz!!!) nos dio una pequeña explicación sobre la historia de la Real Fábrica, los edificios que ha ido ocupando, los colaboradores con los que ha contado (a todos nos viene enseguida Goya a la mente) y nos enseñó algún que otro tapiz de la colección de la Real Fábrica, antes de pasar a uno de los dos obradores. Un obrador es, para quien no esté tan puesto en el vocabulario específico, el espacio en el que se instalan los telares.

El primero por el que nos conduce la visita es el de alfombras. La verdad es que resulta impresionante ver los telares de varios metros de largo y delante una fila de tejedores, hombro con hombro, creando nudo a nudo una maravillosa alfombra. Beatriz nos explicó paso a paso cómo se hacen y nos enseñó el nudo español y el turco en un segundo telar que en este momento estaba libre. También nos contó que una alfombra se elabora alternando una pasada de yute con una hilera de nudos y lo importante que resulta que el equipo trabaje de forma sincronizada, porque no se puede avanzar de hilera a hilera, hasta que no esté el ultimo nudo colocado.

Al observar detenidamente el trabajo de los tejedores, nos dimos cuenta que habían calcado el dibujo de la alfombra directamente en la urdimbre, pero solamente hasta la mitad. Sorprendidas preguntamos nuestra guía por la razón y nos explicó que, al tratarse casi siempre de un dibujo geométrico, se calca en un lado, donde trabajan los tejedores o las tejedoras más experimentadas ,que interpretan el cartón y determinan cuantos nudos de cada color lleva la hilera. Las personas que trabajan sobre la otra mitad trasladan este número de nudos por color a su mitad de la urdimbre y lo repiten.

Desde el obrador de alfombras se ve además parte del almacén de lanas. Una visión que hace que el corazón de cualquier tejedor palpite un poco más rápido....... Y en un rincón se realizan los reposteros (tapices con representación heráldica).

Esperemos que Beatriz no se haya dado cuenta y si lo ha hecho, que podamos contar con su comprensión, pero por muy interesante que resultó ver el obrador de alfombras, y quizá porque aún no hemos hecho ninguna nosotras mismas, lo que queríamos ver era el otro obrador, el de tapices.......

Y hasta ahí íbamos. Bueno, resulta difícil describir lo que nos pasó por la mente, por el corazón, lo que nos picó en las manos y atrapó nuestro ojo......... Podríamos habernos quedado ahí todo el día, viendo cómo bailaban las canillas por la urdimbre, porque estas sí que bailaban. El tacatac al aplastar la trama, el "pppprrrrrq", al pasar con la punta de la canilla por los tensos hilos de la urdimbre, las paredes llenas de canillas de cientos de colores, la densidad de la urdimbre, la delicadeza del dibujo creado entre hilos y vacíos......

Todo el día podríamos habernos quedado aquí viendo los dos maestros tejedores e intentar aprender de ellos, pero no pudo ser. En fin, la visita tiene su duración y nosotros habíamos quedado en ver más sitios, entre ellos la Escuela Taller de Restauración que alberga la propia Fábrica de Tapices.

Atravesamos el jardín y entramos en el aula-taller donde los alumnos, que acaban de comenzar el segundo año de formación, estaban ocupados con la restauración de un alfombra del siglo XVI. Su monitora nos explicó el procedimiento y la verdad es que resultó curioso ver como se afronta un trabajo tan delicado.

Nos quedamos con las ganas de echar un vistazo al taller de restauración, pero no está incluido en el recorrido habitual de la visita a la Real Fábrica. De la página web sabemos que es ahí donde se restauran con los medios más modernos los valiosos tapices del Patrimonio, de los que pronto íbamos a ver algunos colgados en el Palacio de La Granja.



La visita a La Granja de San Ildefonso siempre resulta agradable y cualquier momento del año es bueno, pero cuando hace sol, y cuando la naturaleza nos muestra con toda la belleza el permanente ir y venir de todo lo vivo, cuando se cubre de los primeros verdes en primavera, aún tímidamente por si vuelve a helar, o cuando, después de un estallido desenfrenado de colores se retira la savia y los arboles se visten de tonos otoñales, es cuando más luce este maravilloso conjunto arquitectónico y paisajístico.

Y lució el sol. Lo disfrutamos mientras comimos y a las tres en punto entramos en la penumbra de la primera sala del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, la Sala de Los Honores de Carlos V, nueve paños monumentales tejidos por Pieter van Aelst, famoso tapicero de la Corte de Bruselas.

Se nos fueron los ojos, no sabíamos dónde empezar, dónde mirar primero, en qué fijarnos. Cada una tenía su trabajo en mente, Toñi buscó cielos, al igual que Montse y Ana, porque ahora les tocará tejerlo. Mientras que Inés no dejó ni una mano sin analizar.

Poco tiempo hubiera durado este disfrute, porque la visita se para lo justo en estas primeras salas, que para mucha gente serán las menos interesantes, si no fuera porque Ana, nuestra guía, al enterarse de que eramos tejedoras, se empeñó en pedir a su jefe un permiso especial para que, una vez terminada la visita guiada, pudiéramos volver a estas tres salas para quedarnos el tiempo que quisiéramos. ¡¡¡¡¡Y lo consiguió....!!!!!

Gracias, Ana, no solo por habernos hecho la visita tan amena y tan cariñosa, sino por esta sensibilidad con la que hablaste de algo que nos tiene "enredadas" desde hace casi diez meses.

Aunque dejaran sacar fotos, en este caso no valdría la pena ni intentarlo. Por razones de conservación, los tapices se exponen en salas con una iluminación muy tenue, pero se pueden encontrar ilustraciones en varias publicaciones:

Lo más accesible es un librillo que venden en la tienda del Palacio. Vale sólo 4,50 euros y relata el contenido de los tapices. Aunque las fotos son pequeñas, como recuerdo no está mal. (Museo de Tapices, publicado por Patrimonio Nacional)

También existe un catálogo publicado con motivo de una exposición que hubo en 1992, primero en Barcelona, luego en Madrid, bajo el título "Tapices y Armaduras del Renacimiento. Joyas de las Colecciones Reales". El catálogo está publicado por Lunwerg.


En 2004 se publicó un libro de
Concha Herrero Carretero, Conservadora de la Colección de Tapices del Patrimonio Nacional, dedicad a los "Tapices de Isabel la Católica". Y la última publicación de esta misma autora se titula "Vocabulario Histórico de la Tapicería" y vio la luz en 2008, justo para servirnos de buena fuente para la parte teórica del taller. Más de una explicación (véase obrador, repostero) hemos "adoptado" de ella. Gracias por el incansable esfuerzo por hacer visible y comprensible el complejo y maravilloso mundo de la tapicería.

Y quedan por nombrar los tres tomos de la Colección de Tapices del Patrimonio, ya para amantes incondicionales de la tapicería, por peso y por densidad de contenido. Hemos bebido de estas fuentes y hemos aprendido mucho.



Bueno, llegamos como salimos, con muy poca luz, cansadas pero muy contentas y, sobre todo, muy animadas para seguir con nuestro empeño en aprender a dominar los hilos para dibujar con ellos nuestras historias.



Gracias Miguel, Beatriz y Ana, en riguroso orden de aparición.
Cada uno de vosotros ha hecho "de lo suyo" para que
nosotras pasásemos un día inolvidable.

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1 comentario:

Beatriz dijo...

Espero que hayáis disfrutado del viaje y de la experiencia.