8 may 2009

¿cuestión de género?

No es nuestra intención profundizar aquí en la perspectiva de género, pero da la ¿casualidad? que somos sólo mujeres, ocho, y a lo largo de los seis meses que llevamos introduciéndonos en el mundo del tapiz, hubo varios momentos en los que surgió esta cuestión y nos parece curioso cómo cambio la percepción en torno al oficio de tejedor/a.

Cuando viajamos en el tiempo hasta los orígenes, parece que el arte de tejer era dominio de la mujer, sobre todo por la forma en la que se organizaban las sociedades primitivas (la división entre el trabajo fuera de casa, es decir la caza, el cultivo de tierras, de lo que se ocupaba el hombre, y el trabajo dentro de casa, del que se ocupaba la mujer, entre ello también la fabricación de telas, ropa, etc.).

Las pocas ilustraciones que nos han llegado y nos transmiten el imaginario de la época de la que proceden, muestran mujeres delante del telar. Incluso en la mitología nos es reservado a nosotras este bello oficio.


Y así, cuando hablamos del tejer, todos recordamos el mito de Aracné y de Penélope. Una desafiando a los dioses, la otra resistiéndose al destino.



En la Edad Media se abre el abanico. Hay muchos tapices que proceden de monasterios de monjas, pero la sociedad cambia en su estructura, aparecen los gremios de oficios y con ello se regula quién puede y quién no puede trabajar como tejedor/a. Esta "profesionalización" es el primer peldaño de la aparente desaparición de la mujer en este oficio, porque seguía tejiendo, por supuesto, pero otra vez en su casa, relegada a mera "aficionada" al tapiz.


Cuando más adelante, con el desarrollo de telares mecánicos, el mundo de la producción textil se "industrializa", el dominio masculino se traslada al mundo de los tejidos utilitarios producidos en las grandes fábricas textiles, dejando hueco para que la mujer recupere un ámbito, que desde su orígen contaba con sus hábiles manos y su percepción femenina del mundo, del tiempo y de la sociedad.

En momentos de necesaria reivindicación del arte de tejer tapices, sin embargo, han sido nuevamente hombres los que se han perfilado como referentes para este oficio. Quizá porque se necesitaba de una revaloración de este ámbito, y ésta se produjo al concebir este oficio como una artesanía, incluso como un arte. Gracias a artistas como Jean Lurçat y Archie Brennan, de los que ya hemos hablado y seguramente hablaremos más, este bello oficio entró en el mundo del arte y ocupó su merecido "sitio".
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Hoy en día, en las manufacturas que siguen produciendo puede que haya iguadad de género, creo que no es tema para los que trabajan ahí.

El mundo del arte se ha hecho más accesible para la mujer, aunque la conciliación con la vida familiar muchas veces nos puede causar problemas, nos resta tiempo productivo y, por tanto, espacio en los escenarios del mundo del arte. Pero quizá por ser un arte cercano a la vida misma en su lento crecer, hay muchas mujeres en todo el mundo que se siguen dedicando a crear con hilos de colores e imaginación preciosas obras de arte.

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