27 oct. 2009

glosario alfombra (8): la arquitectura

Como si de una obra de arquitectura se tratara, la alfombra se confecciona a partir de un plano (llamado « cartón »), que muestra la composición, la disposición de la decoración y la de los motivos. Un maestro (ostad en persa), no forzosamente tejedor pero sí quizás pintor, dibuja el cartón. El esquema de una alfombra reproduce a menudo el de una encuadernación de manuscrito; ambas artes están íntimamente ligadas ya que sus diseñadores son muchas veces los mismos pintores.





Las diferentes partes de una alfombra tienen los siguientes nombres:


Bordes secundarios: pueden ser interiores o exteriores (respecto al borde principal) y son más o menos numerosos y más o menos estrechos. A veces, los bordes exteriores son de color liso.

Borde principal: completa la ornamentación de la alfombra y proporciona un equilibrio al conjunto.

Campo: está constituido por la parte interna de la alfombra, delimitada por los bordes del marco.

Esquinas: las esquinas están formados por los ángulos del campo.

Medallón central: Los medallones son de formas variadas: circular, ojival, en forma de estrella o poligonal. Pueden estar llenos de colgantes.

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Esquemas orientados
Se dibujan alrededor de un único eje de simetría e imponen un sentido a la alfombra, que sólo se puede mirar desde un único punto de vista. Las alfombras figurativas a menudo se conciben de esta manera. También es el caso de las alfombras de oración, que tienen un campo adornado con un arco o nicho llamado mihrab.


Esquemas no orientados
Estas alfombras pueden mirarse desde cualquier punto de vista ya que sus dibujos no están orientados. La decoración consta o bien de motivos continuos, o bien de motivos parecidos repetidos hasta cubrir la totalidad del campo.


Esquema de motivo centrado
Este tipo de alfombras también está diseñado para ser mirado desde cualquier posición, pero su composición posee un elemento central dominante alrededor del cual se encuentran los motivos secundarios.
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Símbolos y significado
La alfombra siempre ha cumplido en Oriente una doble función, práctica y simbólica, cuyo sentido en la actualidad se pierde a veces. Constituye un espacio mágico donde los bordes representan los elementos terrestres erigidos en defensores del campo, habitado por la esfera del universo y de lo divino.


Una de las decoraciones más comunes es el árbol, árbol de la vida, que representa la fertilidad, la continuidad, y sirve de enlace entre el subsuelo, la tierra y lo divino. Este motivo ampliamente preislámico se representa a menudo en las alfombras de oración persas.
Las nubes, que bajo una forma muy estilizada pueden convertirse en tréboles, simbolizan la comunicación con lo divino y la protección divina.
El medallón central representa al sol, lo divino, lo sobrenatural. En algunas alfombras, las esquinas repiten los motivos del medallón central; estos cuatro elementos toman entonces el significado de puertas de aproximación y de protección del centro divino.

El jardín, asociado al paraíso (la palabra deriva en efecto del persa antiguo pairideieza que significa « jardín », « cercado », que ha dado pardis en persa) da lugar a un tipo de composición que aparece a partir del siglo XVII en Persia que imita los jardines de los sah, divididos en parcelas rectangulares o cuadradas por alamedas y canales de irrigación (chahar bagh).


También pueden encontrarse alfombras de tema cinegético: la caza es una actividad apreciada por los Sah, que requiere maña, fuerza y conocimiento de la naturaleza. Este tema también está asociado al paraíso y a las actividades espirituales, puesto que la caza se desarrolla a menudo en una naturaleza que puede evocar los jardines del paraíso. La alfombra de Mantes, fechada en la segunda mitad del siglo XVI y conservada en el museo del Louvre es un buen ejemplo.


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